Los Escritos del Reino No. 45 La Tierra del Pacto
19 de noviembre de 2025
Ayer les hablé de las aflicciones que atraviesa el creyente del que nadie habla, porque Dios siempre conduce al hombre que llama hacia la tierra donde hoy el Reino de Dios se ha establecido: "Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; pero Jehová pesa los espíritus." Hoy se han olvidado de enseñar respecto a la Tierra del Pacto en las iglesias, y por esa causa muchos soportan aflicciones que no deberían, pérdidas de personas cercanas, enfermedades que quebrantan la paz. Todo porque no han querido ser Hacedores de la Palabra, han enseñado más bien a ser religiosos, contemplativos y ceremoniosos. Muchos no pueden ser ligeros porque amaron el mundo: "Él entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones."
¿Por qué no pueden sentir el llamado ni el anhelo en la búsqueda de la Tierra del Pacto? Es porque el creyente después de creer en Jesucristo y conocer al Verdadero, nunca se ha interesado en llegar a un compromiso completo de Establecer un Pacto Personal con Dios, o sea, llegar a un Pacto de David. Simplemente se quedaron conformes con las palabrerías de las promesas y bendiciones de la Biblia. Nunca han sido enseñado en ser Hacedores de los términos del Pacto para que esas promesas tengan efectividad. Los llamados de hoy como los hebreos de ayer recibieron el Pacto de Abraham, de Isaac y de Jacob; que es un Pacto Generalista, mas ven en La Biblia cuántas tribus desaparecieron y dejaron de mencionarse; hoy solamente se menciona a los judíos de la tribu de Judá, pero de las restantes se perdieron o pocos saben sus tribus originarios. Solamente los hacedores del Pacto de Moisés a la manera de Josué y Caleb pudieron entrar, conquistar y recibir las tierras prometidas. Es la razón por qué NI CREYENTES, NI PASTORES, SÓLO HACEDORES del Pacto con Dios tienen esperanza de la Tierra de la Promesa y entran en ella.
Por esta razón, "Porque muchos son llamados, y pocos escogidos." Ya en el Pacto de Abraham se condiciona que debe irse a la Tierra del Pacto: "Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré." Si todo esto sucedió en el primer nacimiento, en el segundo también existe una Nueva Tierra para la Nueva Jerusalén, La Celestial; que ya está en proceso con la presencia del Padre de Familia y el Reino de Dios que se ha establecido en la tierra, sólo que pueden ver y acceder habiendo Nacido de Nuevo en Agua y en Espíritu.
Si un creyente verdaderamente buscaba que Dios estableciese Un Pacto de David con él, el Padre Celestial le habría encaminado al Hijo del Hombre, entendería dónde está La Tierra de su Pacto y cumpliría con todas las condiciones que se exigen en su Pacto Personal de David: "Hice pacto con mi escogido; Juré a David mi siervo, diciendo: Para siempre confirmaré tu descendencia, y edificaré tu trono por todas las generaciones." Y la garantía de Vida sería del mismísimo Padre: "Mas no quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad. No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David." En este Pacto de David se promete la misericordia que es para siempre hasta con los hijos: "Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre: Si faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente. Así ha dicho Jehová: Si los cielos arriba se pueden medir, y explorarse abajo los fundamentos de la tierra, también yo desecharé toda la descendencia de Israel por todo lo que hicieron, dice Jehová."
Mas este Pacto con Dios no se establece de labios, ni en promesas futuras, sino estando en La Tierra del Pacto: "¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén." Por esta causa, porque los Hacedores de la Palabra son los justificados, en el Reino de Dios se encontrarán con muy pocos pastores y creyentes de labios.
Al comienzo se verá como una tierra sin atractivo por este principio: "Él convierte los ríos en desierto, y los manantiales de las aguas en sequedales; la tierra fructífera en estéril, por la maldad de los que la habitan. Vuelve el desierto en estanques de aguas, y la tierra seca en manantiales. Allí establece a los hambrientos, y fundan ciudad en donde vivir."
A los hacedores del Pacto con Dios se les abrirá los ojos de fe porque han derramado su vida en busca de esta promesa: "Por amor de Sion no callaré, y por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que salga como resplandor su justicia, y su salvación se encienda como una antorcha. Entonces verán las gentes tu justicia, y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará. Y serás corona de gloria en la mano de Jehová, y diadema de reino en la mano del Dios tuyo. Nunca más te llamarán Desamparada, ni tu tierra se dirá más Desolada; sino que serás llamada Hefzi-bá, y tu tierra, Beula; porque el amor de Jehová estará en ti, y tu tierra será desposada. Pues como el joven se desposa con la virgen, se desposarán contigo tus hijos; y como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo."
Así es el camino hacia la Tierra del Pacto.
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