Los Escritos del Reino No. 118 ¿A dónde me iré de tu Espíritu?
31 de Enero de 2026
Uno de los motivos de por qué los primeros llamados en Jesucristo, hoy necesiten de la Misericordia de Dios que es para Siempre está en la falta de Obras de Justificación por Fe.
Y es un caso clásico y está bien detallado en el libro de Job: “Respondió Job a Jehová, y dijo: Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti. ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Oye, te ruego, y hablaré; te preguntaré, y tú me enseñarás. De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza.” De oídas te había oído, y esta es la realidad, es la consecuencia de creer y desconocer el Dios del Pacto, pues nunca fueron enseñados en cómo buscar y acceder a la firma de un Pacto de David, luego de haber sido llamado en Jesucristo. Pues sólo a través del Pacto de David y sus principios puedes llegar a ser “hijo de Dios”; pues del Pacto de David se aprende y se practica “El Espíritu de Cristo”: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” Por esta razón Job dice: “yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía”. Y este es un gran error, la suposición de que todos quienes creen en Jesucristo automáticamente son “hijos de Dios”; ¡NO! Por la fe en Jesús y con el bautismo de agua como señal del Pacto de Jesucristo, has accedido como “creyente” o mejor “el pueblo de los creyentes de Dios.” Por esta razón hoy necesitan de “La Misericordia de Dios” y realizar toda la obra de Justificación por Fe y Nacer de Nuevo en Agua y en Espíritu para acceder al Pacto Nuevo en el Espíritu Santo y al Reino del Padre.
¿No están todos los Pactos incluidos con el Pacto de Jesucristo? No. El Pacto de Jesucristo es la expiación como el Cordero de Dios para resolver los pecados que el hombre (pueblo) cometió y lo entiende por los Mandamientos del Pacto de Moisés: “Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” Y como les expliqué en la serie de escritos sobre el Sermón del Monte o el Pacto de Jesucristo, cada uno debe buscar ser un “Bienaventurado de Dios”, debe entrar en el camino angosto y puerta estrecha hacia el Pacto Nuevo del Espíritu Santo, o también conocido como Nacer de Nuevo en Agua y en Espíritu.
Hoy, toda persona quien recibe la Misericordia que es para Siempre, que ha creído de “oídas” será buscado por el Espíritu de Dios y llamado. Todo es posible en la búsqueda, en “convencer al hombre” y le sucederán algunas o todas las cosas que están mencionadas en la Biblia, el llamado de Abram, ser llevado preso como José, ir cautivo como Daniel, la enfermedad y muertes con Job, los diferentes llamados de los discípulos, la visión y aguijón de Pablo, y tantos otros. Y cuanto más huyas o más métodos de hombres utilices para solucionar “los problemas” creados en el llamamiento del que recibe Misericordia, más inmovilizado, más preso vendrá. ¿A dónde huirás de su Espíritu? Mientras no tengas el Temor de Jehová suficiente, siempre intentarás evitar o huir.
Todos deberán “aprender y corroborar fehacientemente” con “¿A dónde me iré de tu Espíritu?” que son “Prisioneros de Jesucristo” por elección propia y voluntaria, como lo hizo Job o el apóstol Pablo. Que la fe en Jesucristo y ahora la fe en Cristo Jesús del Pacto Nuevo, no es una opción personal, ni puede encararse como el Dios que tu visitas cada domingo en la iglesia y te acuerdas de él cuando tienes alguna necesidad. Tampoco es el Dios lejano en las alturas, sino es Una Piedra Viva, al cual hay que buscar, porque es tu vida.
También “¿A dónde me iré de tu Espíritu?” hará que todas las cosas se converjan y te encaminen a Cristo Jesús y al Padre de Familia y terminará su “persecución” cuando llegues a la tierra donde el Padre de Familia tiene preparado la heredad de sus hijos: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.”
¿Puede alguien evitar este camino y su encuentro personal con el Dios de “A dónde me iré de tu Espíritu”? Yo sé que hoy necesitan y reciben “La Misericordia de Dios que es para Siempre” porque justamente huyeron o trataron de evitar los “sucesos” de Job. Pero te pregunto hoy: ¿querrás tú estar fuera del Reino de Dios y te alcance la “muerte segunda” sabiendo que es tu última oportunidad? “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre estos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.”
Para que tú puedas declarar o confesar finalmente como Job: “¿A dónde me iré de tu Espíritu?”, tienes que:
1. Convivir muy cercanamente con Jehová Dios: “Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender.”
2. Que no puedes escapar y ocultarte de su presencia como muchas veces lo has hecho: “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz.”
3. Debes comprender el inmenso amor de Dios contigo y cuán especial eres para Jehová: “Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas. ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumero, se multiplican más que la arena; despierto, y aún estoy contigo.”
4. Comprenderás el camino y destino de los impíos y malvados: “De cierto, oh Dios, harás morir al impío; apartaos, pues, de mí, hombres sanguinarios. Porque blasfemias dicen ellos contra ti; tus enemigos toman en vano tu nombre. ¿No odio, oh Jehová, a los que te aborrecen, y me enardezco contra tus enemigos? Los aborrezco por completo; los tengo por enemigos.”
5. Cuando llegues a estas alturas de tu relacionamiento con Dios y sepas cuán especial eres, querrás que Dios te ayude a limpiarte más, a disciplinarte más porque así tu convivencia con el Padre Vivo será más tranquila, sincera y en paz: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.”
Recuerda, “¿A dónde me iré de tu Espíritu?” no cesará hasta que seas quebrantado hasta la mínima expresión posible de hombre, entenderás que tu vida pende de un hilo muy fino y débil. ¿Por qué todo esto? Porque el orgullo y la soberbia del hombre carnal es muy fuerte y rebelde. Dios tocará siempre las partes y cosas que más amas, más aprecias, más te enorgulleces, y destruirá toda gloria de hombre que hayas alcanzado; pues así se humilla el hombre delante de Dios.
La orden de Dios de dar Misericordia que es para Siempre y el Espíritu Santo que ejecutará estas palabras no cesarán hasta que tú vengas a estas tierras del Padre de Familia y emprendas todo el proceso de Nacer de Nuevo en Agua y en Espíritu. Hasta entonces, ¿A dónde me iré de tu Espíritu? estará sobre tu persona y en todos los aspectos de tu vida y familia.
