Los Escritos del Reino No. 85 La Simiente Santa
29 de diciembre de 2025
Hoy les hablaré del Principio de la Simiente Santa en el Reino de Dios. Si uno entiende este Principio, comprenderá el valor de toda la Disciplina que recibe del Padre Celestial; porque es el proceso de conversión, el paso de ser “uno más” dentro del pueblo a ser “hijo” de Dios.
Cuando tú eres uno más dentro de los todos creyentes de Jesucristo, esta es la promesa: “Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.” Mas cuando llegas al Pacto de David, que es un pacto personal acordado entre Dios y tú, éstas serán Las Palabras de tu Promesa: “Hallé a David mi siervo; lo ungí con mi santa unción. Mi mano estará siempre con él, mi brazo también lo fortalecerá. No lo sorprenderá el enemigo, ni hijo de iniquidad lo quebrantará; sino que quebrantaré delante de él a sus enemigos, y heriré a los que le aborrecen. Mi verdad y mi misericordia estarán con él, y en mi nombre será exaltado su poder. Asimismo pondré su mano sobre el mar, y sobre los ríos su diestra. Él me clamará: Mi padre eres tú, Mi Dios, y la roca de mi salvación. Yo también le pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra. Para siempre le conservaré mi misericordia, y mi pacto será firme con él. Pondré su descendencia para siempre, y su trono como los días de los cielos. Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios, si profanaren mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos, entonces castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades. Mas no quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad. No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David. Su descendencia será para siempre, y su trono como el sol delante de mí. Como la luna será firme para siempre, y como un testigo fiel en el cielo.”
Dice La Palabra: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.” ¿Por qué existe una relación directa entre los pobres de espíritu y los niños? “Traían a él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos, les reprendieron. Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.”
Ser “pobres de espíritu” y recibir el Reino de Dios como un “niño” son sinónimos. Por esta razón Dios exige que todos sean niños, primero por medio de la Fe; luego por medio de la disciplina. Y la disciplina termina en la Simiente Santa: “Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado; y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquellos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero este para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.”
En estas Palabras notarán que igualmente llegará un tiempo en que también deberán padecer hasta la sangre: “porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado.” Hecho éste que ha sucedido en tiempos del Padre de Familia con el sacrificio del Espíritu Santo hecho Hijo de Hombre: “Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.” Y todos quienes vengan al Padre de Familia porque tienen hambre y sed de La Palabra, también se enfrentarán con sus “sacrificios” para Nacer de Nuevo en Agua y en Espíritu, pues con tu “sacrificio” tendrás tu parte del Testimonio: “Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan. Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque este es el testimonio con que Dios ha testificado acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”
Volverse niño no es simplemente “pensar, actuar, o sentirse como niño”, sino verdaderamente “despojarse”, “renunciar”, “abrir tus manos y dejar que se escapen las oportunidades” de riquezas, de sabidurías, de grados de educación, de glorias de hombres, de niveles sociales y económicos alcanzados: “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” Siempre serán decisiones de Fe (en el Pacto de Moisés) y en otros serás arrebatado (en el Pacto de David) por Dios.
Cuando tú emprendes las jornadas para entrar al Pacto Nuevo, y buscas por dónde y cómo empezar, siempre deberás tomar decisiones de fe; frutos de obediencia a La Palabra: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador... y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.” Sí, por tú Fe deberás tomar decisiones de limpieza: renunciar a bienes y comodidades, elegir entre dos caminos, imponer prioridades a tu vida, tomar decisiones a favor de Dios y sus Palabras contra el mundo y los métodos de hombres. Y cuando tú pienses que has llegado a la parte más baja en algún asunto, verás que Dios te sigue “recortando” tus manos, tus pies, tus pasos, tus caminos, tus deseos. Y si quedare la décima parte, aún esa será cortada. Es un proceso de “morirte” en vida, a ojos abiertos y viendo cómo el mundo avanza y progresa, mientras tú te quedas quieto. Dios no quiere competencia, ni quiere confusiones respecto a SU GRACIA, y debes sentir cuán poderosamente actúa Dios en ti: “Sin embargo, si quisiera gloriarme, no sería insensato, porque diría la verdad; pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye de mí. Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”
Para Dios todo lo que el hombre edificó para sí son “orgullos y soberbias”, todo debe ser cortado, incluso si quedare la décima parte, hasta que quede la simiente santa. Es como el proceso de limpieza del árbol de la Vid, o la poda de los árboles; porque todo hombre ha edificado o agregado sobre su persona, elementos que darán un posicionamiento entre los hombres; mas para Dios quien desea que “su hijo” recibido a través de Jesucristo sea primeramente a Su Imagen y a Su Semejanza: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.”
No existe mayor seguridad de ti mismo y de tu relación con el Padre Celestial, si sabes que tú eres Su Simiente Santa. Por eso, no existen estas dudas que muchos creyentes llevan a diario, sino una “ABSOLUTA SEGURIDAD” EN EL PADRE CELESTIAL: “Pero Sion dijo: Me dejó Jehová, y el Señor se olvidó de mí. ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros. Tus edificadores vendrán aprisa; tus destruidores y tus asoladores saldrán de ti. Alza tus ojos alrededor, y mira: todos estos se han reunido, han venido a ti. Vivo yo, dice Jehová, que de todos, como de vestidura de honra, serás vestida; y de ellos serás ceñida como novia.”
Finalmente las promesas vendrán porque Dios no puede mentir con las palabras que han salido de sus labios: “Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal. ¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien? Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois.”
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