miércoles, 14 de enero de 2026

No. 101 Yo he venido para Cumplir

Los Escritos del Reino No. 101 Yo he venido para cumplir

14 de Enero de 2026

 


Como Las Palabras son tantas y las condiciones muy exigentes, llega un momento en que los creyentes simplemente renuncian, y se dejan llevar por los oleajes de la vida y realizar el mínimo esfuerzo de fe posible; y son los que asumen livianamente todas las cosas, que menosprecian cualquier llamado de atención. Para estas personas, el Pacto y los términos son especialmente excesivos, abusivos que no les permiten disfrutar de sus vidas en el mundo de hoy.

No faltan “los ricos de sus propios razonamientos” quienes tienen excusas para todo y se muestran como grandes adalides de la fe ante las personas en las iglesias; mas delante de Dios siempre piden misericordia, comprensión y amor: “De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.”

Justamente para que ningún hombre pueda culpar a Dios de un Pacto imposible de cumplir; el mismísimo Dios en persona vino como cualquier otro hijo de hombre, despojándose de cualquier poder divino o conocimiento y fe superior al hombre, muestra cómo guardar el Pacto y realizar toda justicia necesaria para la salvación: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

A esto, Jesús dice así: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.”

Significa que todos los términos del Pacto son alcanzables para los Hacedores de La Palabra. Hoy en el Pacto Nuevo también hay que buscar y encontrar al Padre de Familia y al Espíritu Santo nacidos como Hijos de Hombres y seguirlos. Pues es la señal para identificarlos entre las multitudes.

Como les dije con anterioridad, Las Escrituras siempre se repiten dos o tres veces, los nombres y las personas cambiarán porque están distanciados en el tiempo, pero se identificarán por las obras que realizan, y por las Palabras que cumplen.

En el Pacto de Jesucristo es claro: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.” Y por la misma razón también dice en otra parte: “Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.” Tanto el Pacto de Jesucristo como cualquier otro Pacto de la Biblia están unidos entre sí, cada Pacto posterior se fundamenta en el Pacto anterior; por esta razón no es correcto dividir la biblia en Antiguo y Nuevo Testamento cuando aún hoy muchas de las profecías del Antiguo Testamento no fueron cumplidas. Y cuando uno lee y trata de interpretar solamente con el Nuevo Testamento surgen los grandes errores doctrinales y las religiones de hombres. El último Pacto, el Pacto Nuevo del Espíritu Santo con su concreción final terminará resolviendo el problema del pecado de la desobediencia y la muerte que se introdujo del Pacto de Adán y Eva.

Si en el Pacto de Jesucristo, fue la Persona de Jesús quien cumplió estas Palabras de la Profecía, en este Pacto Nuevo también ha sido cumplido por el Padre de Familia y por el Espíritu Santo como hijos de hombres: “Oídme, oh casa de Jacob, y todo el resto de la casa de Israel, los que sois traídos por mí desde el vientre, los que sois llevados desde la matriz. Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré.” Y este trabajo del Padre de Familia y del Espíritu Santo como hijos de hombres ha sucedido varias veces, personas como  Enoc, Noé, Melquisedec, Moisés, David, Elías, Ezequiel, Daniel y hoy como el Amado y la Rosa de Sarón.

“Yo he venido para cumplir” es la marca distintiva de Jesús como Cristo, al igual que sucede en el Pacto Nuevo: “También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto, ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quien él envió, vosotros no creéis. Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida. Gloria de los hombres no recibo. Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ese recibiréis. ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único? No penséis que yo voy a acusaros delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?”

El hombre de fe también debe ajustarse a las exigencias del Pacto Bíblico del momento, hoy desde el Pacto de Jesucristo se ha avanzado al Pacto Nuevo en el Espíritu Santo. Por esta razón, se avisaba con anticipación: “Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo. Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, en que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto; no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo me desentendí de ellos, dice el Señor. Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo; y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades. Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.”

El Pacto de Jesucristo no es el último Pacto Bíblico, tampoco es el Pacto que resuelve todos los problemas de pecados del hombre, pues queda sin resolver el Pecado de Desobediencia y la Muerte que se introdujo en el Pacto de Adán y Eva; por eso dice La Palabra: “Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres. Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos. De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos? ¿Y por qué nosotros peligramos a toda hora? Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero. Si como hombre batallé en Éfeso contra fieras, ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos. No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo. Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo. No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves. Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria. Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial. Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.”

Existe una pregunta flotando: ¿Puede alguien entrar en el Reino de Dios solamente habiendo cumplido fielmente el Pacto de Jesucristo? Si estás vivo leyendo estos mis escritos, deberás cumplir con todos los requerimientos del Pacto Nuevo en el Espíritu Santo. 

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