martes, 20 de enero de 2026

No. 107 La Regla de Oro

Los Escritos del Reino No. 107 La Regla de Oro

20 de Enero de 2026

 


¿Cuál es la Regla de Oro de tu relacionamiento con Dios? Son los términos del Pacto de Dios que corresponde al Tiempo Vivido.

Hoy, con el avance de las obras de Dios que han sucedido, estamos en el Pacto Nuevo del Espíritu Santo que está a punto de concretarse completamente; e incluso el Pacto de Jesucristo está considerado como Rudimento: “Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo; y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades. Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.” Significa que si tú quieres estar siempre delante de Dios y ser escuchado, debes avanzar al perfeccionamiento, al Pacto Nuevo del Espíritu Santo.

Si antes las personas tenían problemas de relacionamiento y comunicación con Dios porque no aplicaban la Regla de Oro que son los términos del Pacto de Jesucristo; hoy esa distancia se ha separado aún más. Pues las personas se aferran solamente en unas pocas palabras: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.” Y así buscan todas sus necesidades, resoluciones a sus problemas, bendiciones de salud, de bienes, de gloria que no correspondían en el Pacto de Jesucristo (porque este Pacto no está planificado para eso).

Los hombres nunca buscaban a Dios dentro de los términos del Pacto de Jesucristo, nadie se interesaba en conocer y menos en cumplir con las condiciones: “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”

Y esta es la Regla de Oro del Pacto de Jesucristo para todos quienes entraron a este Pacto por medio de la fe: Que este Pacto está fundamentado principalmente en un único propósito: “que los hombres busquen, encuentren, se justifiquen y logren entrar en el Reino de Dios porque sus pecados fueron perdonados respecto a los mandamientos de Moisés; cumpliendo con todas las justicias necesarias de acuerdo al tiempo de Dios.” Y las añadiduras vendrían después, cuando se concrete totalmente el Pacto Nuevo del Espíritu Santo; es decir, después de la resurrección de los muertos y la transformación de los vivos en un abrir y cerrar de ojos.

La Regla de Oro es no utilizar las Palabras dichas por Jesús entresacándolos en pedazos y utilizarlos para otro fin; esta es la razón por qué muchos ya no escuchan la voz de Dios, ni la voz del Espíritu Santo. Simulan, se comprometen en temas que jamás cumplirán después, solamente para obtener una respuesta o un beneficio momentáneo, o una resolución del problema que lo persigue. Por este motivo, Jesús dice que son Bienaventurados los pobres de espíritu, los que piden por justicia sin recibirla inmediatamente, los mansos que entienden los tiempos del Pacto de Dios y se esfuerzan en ser pacientes y vivir en la esperanza que traerá cuando se concrete el Pacto Nuevo.

Verán que incluso Jesús, siendo Dios, se somete a la Regla de Oro de su Pacto: “No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre. Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad. Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos. Él era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz. Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado. También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto, ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quien él envió, vosotros no creéis. Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida. Gloria de los hombres no recibo. Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ese recibiréis. ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único? No penséis que yo voy a acusaros delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?”

O cuando Jesús dice: “Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó. Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron. Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja. Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga? En aquella hora dijo Jesús a la gente: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis. Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.”

Esto también es parte de La Regla de Oro, que no debes escalar en la gloria de hombres de cualquier manera y a cualquier precio; salvo que Dios te lleve a esa situación. Y tienes el ejemplo de José en Egipto y de Daniel y sus compañeros en Babilonia. Porque el testimonio que tú das al mundo respecto al Pacto de Jesucristo es locura para el mundo, y las tinieblas no pueden soportar: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.”

Planteado de esta manera el Evangelio, queda una pregunta: ¿Tienes tú fe para vivir según La Regla de Oro y aguardar en esperanza hasta la concreción del Pacto Nuevo en el Espíritu Santo? Por eso decía Jesús anticipadamente: “También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”

Queda plantear el otro lado. ¿No se puede llegar a Dios obviando esta Regla de Oro? Incluso Dios Padre no puede romper un Pacto que Jesús concretó y firmó con su sangre a través de la muerte: “Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente. Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa. Porque los hombres ciertamente juran por uno mayor que ellos, y para ellos el fin de toda controversia es el juramento para confirmación. Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.”

Entonces, ¿quién es el dios que responde las oraciones y clamores de las personas quienes dicen tener testimonios de milagros y sanidades, pero nunca respetaron esta La Regla de Oro? He aquí la respuesta: “Porque estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras.”

Reafirmo finalmente: “La Regla de Oro del Pacto de Jesucristo” es este: “Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.”


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