Los Escritos del Reino No. 96 La Hora de la Fe
09 de Enero de 2026
¿Sabías que existe La Hora de la Fe? Es un tiempo determinado que el oyente debe responder con “obras de Fe” respecto a La Palabra que escucha del Espíritu Santo; y una vez pasado ese tiempo ya no se “justifica” con Fe ante Dios. Recuerda, es el Espíritu Santo quien juzga en su momento, dependiendo de qué Palabra sea.
¿Cuánto tiempo dispone el oyente para responder y sea considerado como Fe? La Palabra dice: “He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga.”
Si la semilla cae en el camino, ¿cuánto tiempo piensas dispones antes que una ave venga y se la coma? ¿Cuánto tiempo crees tarda una plantita que recién brotó en quemarse al sol o en ser ahogado por los espinos? Pues esa es la Hora de la Fe.
Porque las personas se olvidaron que La Palabra que se escucha tiene una validez, tu respuesta con Fe tiene una Hora determinada. Por esta razón las vírgenes quienes esperaban al esposo, que tenían el candelero se olvidaron (o se imaginaban que lo tenían) de preparar el aceite. Si uno no responde “INMEDIATAMENTE” o “EN EL DÍA”, ya no te justificas ante el Espíritu Santo; porque esa respuesta inmediata y tu acción de “Hacer la Palabra” permite que recibas “la gracia” que corresponde a esa Fe. Si respondes, serás amado por Dios.
Y cuando tú respondes con esta “inmediatez” con obras de fe, el Espíritu Santo te recompensa con “ojo por ojo”; es decir, que Dios también te responde con esa presteza ante tu requerimiento.
¿Cuándo sabes si comenzó una Hora de Fe para ti? Cuando lees La Palabra y algún punto es “RESALTADO por el Espíritu Santo”; o caminando te “SOBREVIENE” o te “ACUERDAS” de una Palabra; cuando delante de hombres y en conversaciones te “VIENE EN MENTE” una Palabra o un Mandamiento... es tu Hora de Fe. En ese momento con todas tus fuerzas y valentía debes Justificarte con Fe, y marcar clara y perfectamente tu posición ante Dios y los hombres.
Muchos se “olvidan” intencionalmente Una Palabra en una situación así, pero luego se arrepienten, o quieren cumplirlas. Mas La Hora de la Fe ha pasado de ti.
¿Por qué La Hora de la Fe es tan importante? Especialmente por causa del Pacto de Jesucristo que normalmente tienen las personas hoy. Pues para cumplir con ese siempre eres conducido por Dios como un Buen Pastor; primero: aprenderás que Jehová es tu pastor; segundo: que nada te faltará; tercero: se te dará delicados pastos (La Palabra) y aprenderás a descansar, a reposar tu alma en confianza; cuarto: aprenderás a beber el agua de reposo; quinto: deberás aprender qué significa ser pastoreado. En cada uno de estos puntos, es necesario responder con La Hora de la Fe.
Pasado el tiempo de validez de una Palabra, tienes que saber que cualquier respuesta posterior no agrada a Dios. Un ejemplo muy importante es la rebeldía de Israel de entrar a la tierra prometida alegando que moran gigantes: “Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Envía tú hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel; de cada tribu de sus padres enviaréis un varón, cada uno príncipe entre ellos. Y Moisés los envió desde el desierto de Parán, conforme a la palabra de Jehová; y todos aquellos varones eran príncipes de los hijos de Israel. Estos son sus nombres: De la tribu de Rubén, Samúa hijo de Zacur. De la tribu de Simeón, Safat hijo de Horí. De la tribu de Judá, Caleb hijo de Jefone. De la tribu de Isacar, Igal hijo de José. De la tribu de Efraín, Oseas hijo de Nun. De la tribu de Benjamín, Palti hijo de Rafú. De la tribu de Zabulón, Gadiel hijo de Sodi. De la tribu de José: de la tribu de Manasés, Gadi hijo de Susi. De la tribu de Dan, Amiel hijo de Gemali. De la tribu de Aser, Setur hijo de Micael. De la tribu de Neftalí, Nahbi hijo de Vapsi. De la tribu de Gad, Geuel hijo de Maqui. Estos son los nombres de los varones que Moisés envió a reconocer la tierra; y a Oseas hijo de Nun le puso Moisés el nombre de Josué. Los envió, pues, Moisés a reconocer la tierra de Canaán, diciéndoles: Subid de aquí al Neguev, y subid al monte, y observad la tierra cómo es, y el pueblo que la habita, si es fuerte o débil, si poco o numeroso; cómo es la tierra habitada, si es buena o mala; y cómo son las ciudades habitadas, si son campamentos o plazas fortificadas; y cómo es el terreno, si es fértil o estéril, si en él hay árboles o no; y esforzaos, y tomad del fruto del país. Y era el tiempo de las primeras uvas. Y ellos subieron, y reconocieron la tierra desde el desierto de Zin hasta Rehob, entrando en Hamat. Y subieron al Neguev y vinieron hasta Hebrón; y allí estaban Ahimán, Sesai y Talmai, hijos de Anac. Hebrón fue edificada siete años antes de Zoán en Egipto. Y llegaron hasta el arroyo de Escol, y de allí cortaron un sarmiento con un racimo de uvas, el cual trajeron dos en un palo, y de las granadas y de los higos. Y se llamó aquel lugar el Valle de Escol, por el racimo que cortaron de allí los hijos de Israel. Y volvieron de reconocer la tierra al fin de cuarenta días. Y anduvieron y vinieron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación de los hijos de Israel, en el desierto de Parán, en Cades, y dieron la información a ellos y a toda la congregación, y les mostraron el fruto de la tierra. Y les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac. Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán. Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos. Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos.”
Luego de esta rebeldía, castigo y muerte de los espías, y el arrepentimiento, quisieron entrar y Jehová ya no estuvo con ellos: “Y Moisés dijo estas cosas a todos los hijos de Israel, y el pueblo se enlutó mucho. Y se levantaron por la mañana y subieron a la cumbre del monte, diciendo: Henos aquí para subir al lugar del cual ha hablado Jehová; porque hemos pecado. Y dijo Moisés: ¿Por qué quebrantáis el mandamiento de Jehová? Esto tampoco os saldrá bien. No subáis, porque Jehová no está en medio de vosotros, no seáis heridos delante de vuestros enemigos. Porque el amalecita y el cananeo están allí delante de vosotros, y caeréis a espada; pues por cuanto os habéis negado a seguir a Jehová, por eso no estará Jehová con vosotros. Sin embargo, se obstinaron en subir a la cima del monte; pero el arca del pacto de Jehová, y Moisés, no se apartaron de en medio del campamento. Y descendieron el amalecita y el cananeo que habitaban en aquel monte, y los hirieron y los derrotaron, persiguiéndolos hasta Horma.”
Un ejemplo de cómo Dios te responde “ojo por ojo” cuando uno entiende La Hora de la Fe y actúa prontamente es este ejemplo: “Oyendo los filisteos que David había sido ungido por rey sobre Israel, subieron todos los filisteos para buscar a David; y cuando David lo oyó, descendió a la fortaleza. Y vinieron los filisteos, y se extendieron por el valle de Refaim. Entonces consultó David a Jehová, diciendo: ¿Iré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano? Y Jehová respondió a David: Ve, porque ciertamente entregaré a los filisteos en tu mano. Y vino David a Baal-perazim, y allí los venció David, y dijo: Quebrantó Jehová a mis enemigos delante de mí, como corriente impetuosa. Por esto llamó el nombre de aquel lugar Baal-perazim. Y dejaron allí sus ídolos, y David y sus hombres los quemaron. Y los filisteos volvieron a venir, y se extendieron en el valle de Refaim. Y consultando David a Jehová, él le respondió: No subas, sino rodéalos, y vendrás a ellos enfrente de las balsameras. Y cuando oigas ruido como de marcha por las copas de las balsameras, entonces te moverás; porque Jehová saldrá delante de ti a herir el campamento de los filisteos. Y David lo hizo así, como Jehová se lo había mandado; e hirió a los filisteos desde Geba hasta llegar a Gezer.”
No faltan los que se duermen de La Hora de la Fe, por eso se menciona y despierta a los hombres: “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.”
¿Cómo puede alguien nunca olvidarse de La Hora de la Fe? Para eso se requiere un profundo Temor de Jehová, y esto sucede a aquellos quienes menosprecian La Palabra y no responden: “Volveos a mi reprensión; he aquí yo derramaré mi espíritu sobre vosotros, y os haré saber mis palabras. Por cuanto llamé, y no quisisteis oír, extendí mi mano, y no hubo quien atendiese, sino que desechasteis todo consejo mío y mi reprensión no quisisteis, también yo me reiré en vuestra calamidad, y me burlaré cuando os viniere lo que teméis; Cuando viniere como una destrucción lo que teméis, y vuestra calamidad llegare como un torbellino; Cuando sobre vosotros viniere tribulación y angustia. Entonces me llamarán, y no responderé; Me buscarán de mañana, y no me hallarán. Por cuanto aborrecieron la sabiduría, y no escogieron el temor de Jehová, ni quisieron mi consejo, y menospreciaron toda reprensión mía, comerán del fruto de su camino, y serán hastiados de sus propios consejos. Porque el desvío de los ignorantes los matará, y la prosperidad de los necios los echará a perder; mas el que me oyere, habitará confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal.”
Sé sincero contigo mismo acerca de La Hora de la Fe, recuerda que Dios no puede ser burlado por el hombre; que tú estás en la tierra y Dios en los cielos.
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