lunes, 12 de enero de 2026

No. 99 El Sermón del Monte

Los Escritos del Reino No. 99 El Sermón del Monte

12 de Enero de 2026

 

Hoy voy a comenzar una serie de Escritos del Reino explicando el por qué, y el qué significa el Sermón del Monte de Jesús para el Hacedor de la Palabra. ¿Por qué de todas las cosas que se podría enseñar, justamente dijo lo que hoy tenemos escrito? Si entienden el Sermón del Monte, igualmente entenderán por qué muchos fueron llamados y pocos los escogidos.

Primero es importante saber un antecedente al Sermón del Monte de Jesús: “Entonces Jehová dijo a Moisés: Sube a mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para enseñarles. Y se levantó Moisés con Josué su servidor, y Moisés subió al monte de Dios. Y dijo a los ancianos: Esperadnos aquí hasta que volvamos a vosotros; y he aquí Aarón y Hur están con vosotros; el que tuviere asuntos, acuda a ellos. Entonces Moisés subió al monte, y una nube cubrió el monte. Y la gloria de Jehová reposó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días; y al séptimo día llamó a Moisés de en medio de la nube. Y la apariencia de la gloria de Jehová era como un fuego abrasador en la cumbre del monte, a los ojos de los hijos de Israel. Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte; y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches.” El pueblo estuvo prohibido de acercarse por una línea, porque morirían por los pecados.

Esto muestra que el camino para el perdón de los pecados y poder llegar a la Persona de Dios estaba muy lejos aún.

Ahora en tiempos de Jesús; Él mismo es Dios quien vino como Hijo de Hombre y por las obras que haría más tarde por la muerte en la cruz derramando su sangre, se permitiría que los hombres pudieran ver, escuchar, reconocer, creer y convivir con Dios hecho Hijo de Hombre.

¿Por qué de los temas que habla Jesús? Cuando dice que son bienaventurados “los pobres de espíritu”, “los que lloran”, “los mansos”, “los que tienen hambre y sed de justicia”, “los misericordiosos”, “los de limpio corazón”, “los pacificadores”, “los que padecen persecución”, “por mi causa os vituperen y os persigan”; está diciendo que el Camino de Salvación es aún larga, que no se termina simplemente con la muerte y resurrección de Jesús. Que hace falta mucha “sal de la tierra”, que se debe “cumplirse con toda la ley de Dios”. Y todo eso, hoy lo sabemos mejor acerca del Camino y los Tiempos de Dios (como les expliqué en el capítulo Los 1000 años).

Igualmente Jesús menciona cómo su obra de Salvación será respecto a los pecados resultantes del Pacto de Moisés y que pertenecen a los hijos circuncidados y no circuncidados de Abraham, o sea de los creyentes en Jesucristo.

¿Cómo sabemos que el Sermón del Monte habla de Un Camino y Un Tiempo más allá de Jesucristo? Porque la Muerte y Resurrección de Jesucristo es la base para que el hombre pueda entrar en Las Leyes del Espíritu Santo. Porque primeramente debe existir la Muerte del Testador (Jesús Dios) y se adentre en el siguiente Pacto Nuevo del Espíritu Santo: “Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Y además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio. Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión. Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos”

Ahora, las Personas quienes serán Bienaventuradas “los mansos, los misericordiosos, los pacificadores, los limpios de corazón” son personas que llegan a estas alturas espirituales porque viven bajo La Ley del Espíritu, porque corresponden a los Frutos del Espíritu Santo: “Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.”

Por todo esto, El Sermón del Monte de Jesús está declarando que El Camino del creyente debe seguir perfeccionándose, y no detenerse simplemente con la fe en Jesucristo. O sea, que la Salvación del Individuo NO ESTARÁ COMPLETADA SIMPLEMENTE CON SU MUERTE. Porque aún queda por resolverse los Pecados del Pacto de Adán y Eva: “Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado. Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.”

La selección de los temas que menciona Jesús en el Sermón del Monte están para que el Hacedor de la Palabra pueda cuidar su Vida, con mucho cuidado, porque muchas profecías bíblicas aún quedan para cumplirse; y cómo evitar caer del buen camino y vida que tiene en Jesucristo. También da unas pautas de cómo “Descubrir y Encontrar al Siguiente Hijo de Hombre” quien vendría como el Cristo que resolvería permanentemente el Pecado de la Desobediencia y la Muerte introducida por Adán y Eva.

Y como Jesús sabe qué cosas sucederán durante los dos mil años de espera; porque si en cuarenta días y cuarenta noches el pueblo de Israel quienes vieron grandes señales en Egipto y en el desierto cayeron en la idolatría, fabricándose una fundición de oro para adorar como dios. ¿Qué no serían capaces los hombres en la espera del siguiente Cristo Jesús para el Pacto de Adán y Eva? “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.”

Por eso, Jesús dijo varias veces: “hay que perseverar hasta el fin”: “Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, este será salvo.”

El Apóstol Pedro también afirmaba estas Palabras del Sermón del Monte en sus términos: “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.”

Hoy, ya han pasado los dos milenios de espera, y hemos entrado en el tercer milenio y eterno del Reinado con Cristo Jesús: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.”

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