viernes, 20 de febrero de 2026

No. 138 El Lugar donde estás es Santo

Los Escritos del Reino No. 138 El Lugar donde estás es Santo

20 de Febrero de 2026

 

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De la Imperfección a la Perfección de todas las cosas. El Camino a la Vida, también es el Regreso del Hombre a la casa del Padre Celestial: “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.”

Si la primera vez, entraron a la Tierra Prometida no con toda la justicia de Dios por medio de la fe, sino porque Jehová había prometido que volverían luego de cuatrocientos años, por misericordia: “Esta es la causa por la cual Josué los circuncidó: Todo el pueblo que había salido de Egipto, los varones, todos los hombres de guerra, habían muerto en el desierto, por el camino, después que salieron de Egipto. Pues todos los del pueblo que habían salido, estaban circuncidados; mas todo el pueblo que había nacido en el desierto, por el camino, después que hubieron salido de Egipto, no estaba circuncidado. Porque los hijos de Israel anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que todos los hombres de guerra que habían salido de Egipto fueron consumidos, por cuanto no obedecieron a la voz de Jehová; por lo cual Jehová les juró que no les dejaría ver la tierra de la cual Jehová había jurado a sus padres que nos la daría, tierra que fluye leche y miel. A los hijos de ellos, que él había hecho suceder en su lugar, Josué los circuncidó; pues eran incircuncisos, porque no habían sido circuncidados por el camino. Y cuando acabaron de circuncidar a toda la gente, se quedaron en el mismo lugar en el campamento, hasta que sanaron. Y Jehová dijo a Josué: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto; por lo cual el nombre de aquel lugar fue llamado Gilgal, hasta hoy. Y los hijos de Israel acamparon en Gilgal, y celebraron la pascua a los catorce días del mes, por la tarde, en los llanos de Jericó. Al otro día de la pascua comieron del fruto de la tierra, los panes sin levadura, y en el mismo día espigas nuevas tostadas. Y el maná cesó el día siguiente, desde que comenzaron a comer del fruto de la tierra; y los hijos de Israel nunca más tuvieron maná, sino que comieron de los frutos de la tierra de Canaán aquel año.”

El lugar que llegaron Josué y los Israelitas no es el final del camino a la vida (La Tierra Prometida), sino marca el “INICIO” del verdadero Camino a la Vida. Un Camino que no está marcado por el lugar físico (La Tierra Prometida) como muchos creyeron y creen hasta ahora, sino es un Camino de Justicia de Dios (pasando por la Justicia de Jesucristo y la Justicia de Cristo Jesús); es un Camino de los Tiempos de Dios (hasta que se completaran los tiempos para poder Nacer de Nuevo en Agua y en Espíritu); es un Camino de las Verdades y Decisiones de los creyentes (si permanecen o no dentro del Pacto de Dios, todo el tiempo hasta el tiempo final); es un Camino que finalmente llega hasta la entrada al Reino de Dios, la Nueva Jerusalén la Celestial (que corresponde a los tiempos y sucesos del Apocalipsis).

En otros términos, el encuentro de Josué con el “Príncipe del Ejército de Jehová”: “Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? Él respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo? Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo.” Este es el “INICIO DEL TIEMPO YO SOY EL ALFA”, como se refiere la Biblia: “Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía. He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.”

¿Quién es este “Príncipe del Ejército de Jehová” que vio Josué con la espada desenvainada? ¿Por qué le dice: “Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo”? Pues este es el Príncipe del Ejército quien resguarda el acceso al Huerto de Dios: “Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Y lo sacó Jehová del huerto de Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.”

Por eso, Gilgal no es el “inicio de la posesión de la Tierra Prometida”; sino más bien el “Comienzo del Largo Camino (Dios Alfa) de regreso a la Casa del Padre Celestial (Dios Omega)”. Aclaro, el regreso a La Tierra Prometida no es el final, sino el inicio; una confirmación de las Promesas del Pacto realizado a Abraham, a Isaac y a Jacob. Pero el Camino de Salvación todavía no estaba completado, las Palabras de Dios no estaban declaradas totalmente, ni las profecías escritas, faltaban Pactos a ser establecidos, y lógicamente los nacimientos de los Cristos, tanto del Unigénito como Jesús para las Leyes del Pacto de Moisés, como el nacimiento del Espíritu Santo como Hijo de Hombre para los pecados consecuentes del Pacto de Adán y Eva.

Esta es la pregunta que nuevamente se hace a todos: “¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.”

Pero sí hoy, los bienaventurados que permanecieron con el Padre de Familia hasta este tiempo y camino “sí” han entrado al las tierras del Lugar Santo. Sí, HOY ES EL FIN DEL TIEMPO Y DE LAS OBRAS DEL DIOS OMEGA: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.”

Con tiempo suficiente se avisaba a todos los creyentes tres cosas que hoy tienen grandes relevancias:

1. “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.”

2. “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.”

3. “De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Para los Bienaventurados y Santos, los que han nacido de nuevo en agua y en espíritu, para aquellos que resucitarán con la resurrección del Hijo del Hombre, y aquellos que reciben la Misericordia de Dios que es para Siempre, hoy este es el Lugar Santo. Es el final del Largo Camino a la Vida Eterna.

Todo está Hecho. “Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente.”



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