Los Escritos del Reino No. No 109 La medida con que medís
22 de Enero de 2026
¿A qué se refiere cuando dice: “No juzguéis” y “La medida con que medís”? Por esta razón los “pobres de espíritu” y “los mansos” son bienaventurados, porque creen en el Dios Omnipotente y Omnisciente quien guarda el Pacto con el hacedor de la Palabra.
El Bienaventurado sabe que todo está en las manos de Dios desde su concepción en el vientre hasta la muerte y más allá de la muerte: “Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas. ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumero, se multiplican más que la arena; despierto, y aún estoy contigo.”
El Bienaventurado entiende que está en las manos de Dios, y para todas las cosas, el Todopoderoso tiene un propósito único con él: “Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: Él prende a los sabios en la astucia de ellos. Y otra vez: El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos. Así que, ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro: sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.”
No es fácil aceptar las condiciones cuando eres un niño espiritualmente, mas cuando conoces el valor del Pacto que tienes con Dios, sabes que para el Hacedor de la Palabra nada está fuera de su lugar. Pues hay veces en que el “Juntamente Crucificado” comienza desde el nacimiento: sea por alguna enfermedad, o condición de pobreza y humildad, o de ignorancia: “Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.”
También están los que son llevados a una vida miserable por causa de los pecados: “Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios. Pero el principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese sanado en el día de reposo, dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en estos, pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo. Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo? Al decir él estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios; pero todo el pueblo se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por él.”
Como les dije, el Pacto de Jesucristo está planificado para salvar al individuo, y guiarlo en justificación y santificación en el Espíritu al Reino de Dios. Y dependiendo de los tiempos y obras de Dios, al que debe estar “Juntamente Crucificado” con Cristo, se le imponen cruces y cargas acorde a las capacidades de conocimiento y fe, según los testimonios que debe realizar ante la iglesia y el mundo, y conforme a los pecados que ha cometido en el pasado se pueden tener más o menos atenuantes.
Y en un tiempo y época determinada, estas Palabras sorprenden a toda la iglesia y hombres en general; porque no están suficientemente preparados en “pobres de espíritu” y “mansos”: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.”
¿Cuáles son las cargas, los sufrimientos, las cruces, los testimonios y las obras que debe realizar por estar “Juntamente Crucificados” porque estás buscando primeramente el Reino de Dios y su Justicia? Por eso, Jesús avisa que “NO JUZGUEN NI MIDAN LAS COSAS” antes del tiempo de las revelaciones, ni antes de tener entendimiento del pensamiento y plan de Dios, y sobretodo antes de tener el discernimiento de los porqués.
Para obtener estas respuestas, incluso el que está Juntamente Crucificado debe esperar días, meses o incluso años; si al crucificado se le exige “pobreza de espíritu y mansedumbre”; ¿cuánto más a los testigos y observadores?
Hoy en el mundo y en las iglesias, pareciera que la sabiduría del rico, la inteligencia del letrado es mejor y más valiosa que la sabiduría de un hombre pobre; que existiera más gracia de Dios en una iglesia económicamente más rica que en una pobre: “Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos. Porque el hombre tampoco conoce su tiempo; como los peces que son presos en la mala red, y como las aves que se enredan en lazo, así son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos. También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me parece grande: una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey, y la asedia y levanta contra ella grandes baluartes; y se halla en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra a la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel hombre pobre. Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fuerza, aunque la ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras.”
De la manera como Jesús rompía con muchas de las tradiciones de los judíos como el día de reposo, el lavamiento de las manos, o prácticas aceptadas de la sinagoga; las cosas que les suceden a los “juntamente crucificados” pueden romper las buenas costumbres y las prácticas de los hombres. Incluso el “manso crucificado” se verá como “un gran pecador”, o su condición como “un gran castigo de Dios” que le sobrevino.
¿Quién será el suficientemente “Bienaventurado” para ponderar todos los detalles, las Palabras Escritas y Reveladas, la vida de fe y la trayectoria del “Juntamente Crucificado” para comprender la Obra de Dios en el tiempo?
Por todo esto, Jesús advierte que no juzgues ni midas anticipadamente, porque tú serás juzgado con el mismo juicio, y medido con la misma medida. Corresponde a cada uno cuidar sólo de sí mismo: “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.” Y de esto Jesús decía a Pedro: “Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de este? Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú. Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?”
Si no se debe juzgar, ni se debe medir... ¿quién podrá ser el maestro o el pastor del que está Juntamente Crucificado? Hoy veo que muchos maestros y pastores intentan “desclavar” y “bajarlo de su cruz” al que está Juntamente Crucificado. Yo les digo que las personas quienes enseñen de esa manera tomarán el lugar del que estaba clavado.
Entonces, ¿quién es el Buen Pastor? Es la persona quien enseña más bien a estar “Correctamente Clavado” al que está “Juntamente Crucificado”. Porque por la naturaleza humana y sus concupiscencias, siempre se desea alivianar, aligerar, o sufrir con menor intensidad los dolores y las vergüenzas de la cruz. Uno debe comprender las razones y motivos de Dios para ese “crucificado” y enseñarle para que entienda, tenga gozo y sobretodo que tenga gratitud a Dios porque le ha escogido, le ha salvado y está en el camino correcto al Reino de Dios: “Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio, del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles. Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día. Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros.”
Sólo se debe juzgar y medir al que está Juntamente Crucificado, que persigue primeramente el Reino de Dios y su justicia; luego de una larga observación, de muchas enseñanzas de La Palabra y convivir por muchos días. Porque siempre existen cosas que mejor o perfeccionar, existen muchísimas preguntas y cuestionamientos que darle para que se mantenga firme en su “muerte” en el Espíritu Santo.
Pero también hay que alentar siempre para que siga firme y no se quiera bajar de su posición: “Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar. De tal hombre me gloriaré; pero de mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades. Sin embargo, si quisiera gloriarme, no sería insensato, porque diría la verdad; pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye de mí. Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”
Hoy como Padre de Familia les digo, estaría muy preocupado por la persona quien no sabe que si está “Juntamente Crucificado”, ni entiende cuál es su cruz y peor si se ha bajado de su cruz para huir.
Finalmente, todo juicio y medición al “Juntamente Crucificado” deberá ser realizado por otra persona quien también está en la misma posición de crucificado, que tiene muchas y amplias experiencias de estar muerto en vida; porque ha quitado primero la viga que había en su ojo.
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