Los Escritos del Reino No. 110 Pescados y no Serpiente
23 de Enero de 2026
Confusión, grandes y muchas confusiones es la Realidad de la Fe en las iglesias de hoy. ¿Por qué confusión? Porque los mercenarios y comerciantes de la fe han estado vendiendo sanidades y milagros a mansalva, dando y ofreciendo lo santo a los perros y cerdos; cuando no corresponde.
Nunca se han abierto tanto las puertas de las iglesias como esta doctrina enseñada por los hombres: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.” Y cualquier persona, sin distinción alguna, sin condición ninguna, se han puesto a pedir, a buscar y a golpear las puertas del cielo en nombre de Jesús; para luego culpar a Dios de inefectivo e inexistente.
Sí los mercenarios y comerciantes de la fe, los mal llamados pastores de las iglesias en su mayoría han estado ofreciendo y en definitiva vendiendo “piedras y serpientes”. O sea, el oro, la plata y las “piedras” preciosas de las bendiciones, de la prosperidad; y han estado enseñando el “culto a la serpiente”, tratando de demostrar que tenían poderes para la sanidad y realizar milagros para resolver los problemas de los perros y cerdos. Se han disfrazado de muchas excusas y elegantes discursos con el pretexto de “un milagro o sanidad” valen más que mil palabras para que los hombres crean en Jesús y entren a su iglesia. Pero no saben este principio: “Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros; pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida.”
Jesús sabiendo todo lo que sucedería con sus palabras, advertía: “No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.”
Pero también, de las iglesias que se convirtieron en “Casas de Mercadeo”, igualmente estaban escritos: “Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios. ¿No os acordáis que cuando yo estaba todavía con vosotros, os decía esto? Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste. Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; solo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.”
Esta es la Verdad de las cosas: ¿No saben que “el pedir”, “el buscar” y “el llamar” corresponde SOLAMENTE a los que están dentro del Pacto de Jesucristo? Y no sólo eso, es un privilegio de aquellos quienes BUSCAN PRIMERAMENTE EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA, y se han CRUCIFICADO JUNTAMENTE CON CRISTO. Toda persona quien está en este proceso de “Juntamente Crucificado” y tiene la esperanza de entrar en el Reino de Dios realizando toda justicia de fe; ésta persona puede pedir, buscar y llamar, y será escuchado por el “Padre Celestial.”
Pues sólo quien hoy, habiendo entrado en el Pacto de Jesucristo ha cumplido con el Pacto de Moisés y accedido al Pacto de David es considerado “hijo de Dios”; y ahora en el Pacto de Jesucristo permanece Juntamente Crucificado por causa del Reino de Dios. Porque toda persona quien “está crucificado” y permanece así por causa del Reino de Dios y su justicia, es la persona quien ha recibido “el Espíritu de Cristo”: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.”
Por eso, las soluciones que Dios da al que está Juntamente Crucificado por causa del Reino de Dios y su Justicia, es de pan y no piedra, y es de pescado y no serpiente. Por eso dice: “¿cuánto más “vuestro Padre” que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”
Ahora surgen estas preguntas: ¿Qué es el pan y el pescado? ¿Y qué son las buenas cosas que El Padre Celestial quiere dar a sus hijos?
1. El Pan: Primeramente es el Alimento correspondiente a cada día: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.” Pero esto es lo básico, pero lo que realmente está diciendo Jesús en este punto es el Pan que te ayuda a realizar todo el trabajo que te hace permanecer hasta la Vida Eterna: “Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a este señaló Dios el Padre. Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”
2. El Pescado: Es toda “Palabra” y “Hecho” que te ayudan a creer en las Personas de Dios Padre, de Dios Hijo, y del Espíritu Santo: “Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús. Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces. Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar. Y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos.” También para hallar el descanso, el reposo de las preocupaciones del hombre, y renovar en la esperanza del que está Juntamente Crucificado: “Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar. Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió. Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor. Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado. Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos.”
3. Buenas cosas a los que le piden: Si uno sabe que desde su concepción hasta la muerte es llevado por Dios, ¿qué es lo mejor? Pues que finalmente pueda entrar al Reino de Dios y cumplir fielmente con toda la Justicia de Dios que es por fe; y aún mejor, si realizas todo este esfuerzo que recibas las mejores recompensas: “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente. El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero. Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo. Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio, en el cual sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa. Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna. Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él; si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáremos, él también nos negará. Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo.”
El mejor ejemplo de qué pedir, buscar y llamar lo hizo un hombre que estaba Juntamente Crucificado con Jesús: “Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas este ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.”
¿Qué pides? ¿Qué buscas? ¿A qué llamas? ¿Qué deseas: pescados o serpientes? Hay que orar correctamente, y no como los hipócritas que por sus palabrerías piensan que serán escuchados. No faltan aquellos quienes se sienten justos: “A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.”
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