Los Escritos del Reino No. 112 ¡Señor, Señor!
25 de Enero de 2026
Hoy es el inicio de este clamor en el Reloj de Dios: ¡Señor, Señor, Déjanos entrar! Mas el Padre de Familia les dirá: “Nunca os conocí, apartaos de mí, hacedores de maldad.”
¿Y cuál es el problema? ¿No profetizaron en nombre de Jesús? ¿No echaron fuera demonios y en nombre de Jesús hicieron muchos milagros? He aquí la respuesta: Profetizaron, echaron fuera demonios e hicieron milagros, dándoles soluciones de piedra y ofreciéndoles soluciones de la serpiente. En nombre de Jesús prometieron bendiciones, pidieron y dicen tener grandes testimonios de prosperidades recibidas, que echaron demonios y dieron sanidades mejores que los médicos y las farmacias. Creyeron y enseñaron que todo esto es fe en Jesucristo. Mas nadie hizo la voluntad de Dios, nadie buscó realizar los términos del Pacto de Jesucristo... en ser Bienaventurados, como les escribí ayer.
La respuesta es clara: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” Entonces, ¿qué es hacer la voluntad del Padre Celestial? En los escritos anteriores, les expliqué acerca del Pacto de Jesucristo, que primeramente hay que buscar el Reino de Dios y su Justicia; y para ello es necesario estar “Juntamente Crucificado”: “Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago. Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” ¿Por qué es tan importante que uno esté “juntamente crucificado”? Es la vida de Fe y Testimonio en vivo, todos los días de que estás arrepentido de tus pecados y deseas vivir en Dios y para Él, pues la única forma de demostrar que estás juntamente crucificado con Cristo es cuando “Guardas los Mandamientos de Dios”, todos los que se mencionan en la biblia y tienen vigencia en Jesucristo y aquellos que están vigentes en Cristo Jesús: “Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.”
Porque cuando vives guardando los Mandamientos, eres conocido y amado por Dios: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.” Y guardando los Mandamientos en el Mundo, tú estás embarcado en el camino angosto y habrías entrado por la puerta estrecha siendo “pobre de espíritu”, “llorado en muchísimas ocasiones pero perseverarías”, “cada vez con mayor mansedumbre”, “un gran hambre y sed de justicia hasta el día de la eternidad”, “creciendo como misericordioso”, “cuidando extremadamente su limpio corazón”, “manteniéndose crucificado porque desea la paz con Dios”, “soportando las persecuciones aguardando la manifestación del Hijo del Hombre que debe resucitar para concretar el Pacto Nuevo”, “andando con la frente erguida ante vituperadores y perseguidores por todas tus palabras y actos de fe en Cristo Jesús”.
Mas el Reloj de Dios dice que las puertas hoy se han cerrado, porque la Casa que Dios edificaba se ha terminado: “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia. Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño. He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; no será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta.”
Si bien todas estas Palabras que hoy escribo y anuncio son palabras, los clamores de ¡Señor, Señor ábrenos! comenzarán en espíritu, en el alma y terminarán en la carne. Este es el final de los incrédulos: “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. Y cuando llega, la halla barrida y adornada. Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.”
Engañadores y engañados terminarán de esta manera: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme. Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos; y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente, y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos), sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio; y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores, mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor. Pero estos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición, recibiendo el galardón de su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Estos son inmundicias y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros, se recrean en sus errores. Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición. Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad, y fue reprendido por su iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refrenó la locura del profeta. Estos son fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre. Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error. Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció. Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.” Para estas personas, ya no existe regreso.
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