sábado, 24 de enero de 2026

No. 111 Buenos Frutos

Los Escritos del Reino No. 111 Buenos Frutos

24 de Enero de 2026

 

¿Qué son los Buenos Frutos de un Buen Árbol? ¿Cuáles son los Buenos Frutos que debe mostrar un Hacedor de la Palabra?

Este es un gran dilema en el mundo de la Fe de Jesucristo, ¿cómo encontrar a personas que sean Buenos Árboles y en especial aquellos que se suben al púlpito como pastores? Porque los mercenarios y los comerciantes de la Fe han invadido las iglesias.

En realidad, individualizar los Buenos Frutos en la Fe de Jesucristo es fácil y sencillo si uno comprende la Fe en Dios como un Pacto; y el Pacto de Jesucristo no es diferente. Por esta razón, se subió al monte para perfeccionar el Pacto de Moisés a través del Pacto que Él mostraría.

Y Jesús mismo describe cuáles son los Buenos Frutos del Pacto de Jesucristo, aquellos que llegan a ser “Bienaventurados” en su vida, porque creyeron en el momento indicado e hicieron la Palabra como está especificado en Las Escrituras. Entonces, al “Bien Sucedido” le van apareciendo Palabras, y entendiendo las Profecías, comprendiendo los Tiempos de Dios y sus Obras. 

Nadie puede tener los Buenos Frutos de la Bienaventuranza en un día, además los frutos que menciona Jesús son aquellos al final del Camino, en el tiempo de las realizaciones de la Obra y Manifestación de Dios.

Pero sí se ven señales y pequeñas marcas al individuo que le hacen Bienaventurado. Palabras y Hechos que suceden en la vida del Hacedor de la Palabra que lo convierte en “pobre de espíritu”, cree en las promesas y permanece dentro del Pacto porque desea recibir el Reino de los Cielos.

Porque el “Proceso” del Bienaventurado implica grandes pérdidas, grandes renuncias, abandonos y separaciones, perder o dejar escapar oportunidades de vida, de trabajo, de ganancias económicas, justamente porque debe guardar el Pacto y los Mandamientos de Dios. Llorarán porque también son hombres carnales, pero se mantendrán firmes en la Fe de Jesucristo y sus promesas, y luego de un tiempo vendrán las consolaciones, el entendimiento del Camino de Dios. Y esto sucederá con las cosas que más ama y aprecia el individuo, siempre es escoger entre dos cosas, dos caminos, dos tentaciones, dos Señores: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?” El que soporte esto, aun con grandes dolores y lágrimas, es bienaventurado y recibirá la Consolación del Consolador.

Luego vendrá el tercer “Proceso de mansedumbre”, de cómo obedece la Palabra de Dios hasta la coma y el tilde, sin dilación y en el momento oportuno: “Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí. Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad. Y yo dije: ¿Hasta cuándo, Señor? Y respondió él: Hasta que las ciudades estén asoladas y sin morador, y no haya hombre en las casas, y la tierra esté hecha un desierto; hasta que Jehová haya echado lejos a los hombres, y multiplicado los lugares abandonados en medio de la tierra. Y si quedare aún en ella la décima parte, esta volverá a ser destruida; pero como el roble y la encina, que al ser cortados aún queda el tronco, así será el tronco, la simiente santa.” Generalmente este es el proceso del Manso, una gran comprensión de su pecado y una gratitud por el Perdón que ha recibido en Jesucristo. En esa gratitud hacia Dios, su deseo de responder “Heme aquí, Envíame a mí” sin importar los costes que todo esto implica. Y en este proceso Dios le irá cortando y cortando su orgullo, su soberbia, las glorias de hombre, su fuerza, sus amores por el mundo, hasta que quede la simiente santa: “Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo. No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves. Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria.”

Este Proceso de mansedumbre para ser Bienaventurado es el más largo y sobretodo uno de los más exigentes; porque el fruto del Bienaventurado por la Mansedumbre es recibir la Tierra como Heredad en el Reino de Dios, que se traduce en tierras, en hombres, en ganados, en plantíos, en mucha riqueza. Por eso, este tema se trata en un Libro Único y Especial: “Respondió Job a Jehová, y dijo: Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti. ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Oye, te ruego, y hablaré; Te preguntaré, y tú me enseñarás. De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza.” Tienes que saber esto: si está escrito en la Biblia, si le sucedió a un hombre como Job; significa que es un “Estándar” que se exigirá a todos sin excepción para que sean “Bienaventurados los Mansos, porque ellos recibirán la Tierra por Heredad”

Si tienes estas señales, si tienes estas experiencias con La Palabra de Dios, estás en el Proceso del Bienaventurado. Pero si alguien no te enseña de esta manera, es un falso profeta: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?”

En el cuarto Proceso o Camino del Bienaventurado, se verán “las Flores” que florecen antes de los Buenos Frutos: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.” El Hambre y Sed de Justicia se entiende como “El Sentir y Pensar como Dios siente y piensa”, es tu avance en la Imagen y Semejanza con Dios, que es el deseo de Dios desde la Creación: “Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado. Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros. Y asimismo gozaos y regocijaos también vosotros conmigo.”

El Quinto Proceso para el Bienaventurado quien produce Buenos Frutos es semejante al anterior, pero es “Tener la Misericordia y la Compasión” como Dios la tuvo contigo. “Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres; pero a Dios le es manifiesto lo que somos; y espero que también lo sea a vuestras conciencias. No nos recomendamos, pues, otra vez a vosotros, sino os damos ocasión de gloriaros por nosotros, para que tengáis con qué responder a los que se glorían en las apariencias y no en el corazón. Porque si estamos locos, es para Dios; y si somos cuerdos, es para vosotros. Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” Siempre uno se olvida que sus pecados también son pecados, también son mortales, que también ha recibido una Gracia y su Camino ha estado llena de Misericordias de Dios: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” Realmente para ser Bienaventurado, debes recibir mucha Misericordia de Dios; mas siempre se te aplica en la medida en que eres misericordioso, incluso Dios será más escaso contigo porque conoces la Palabra. Así que, cuanto más ames al prójimo y tengas misericordia; esa medida se te aplicará a ti también: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.”

El Sexto Proceso para tener Buenos Frutos porque eres Bienaventurado por “Limpio Corazón” tiene relación íntima con la Imagen y Semejanza de Dios, con La Persona de Dios: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.” Ahora, ¿cómo se tiene Limpio Corazón? Comienza desde la Esencia Misma de la Creación de Dios del hombre y de la mujer: “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras este dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; esta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.” Entonces, para ser Bienaventurado porque tienes Limpio Corazón y como Buen Fruto ver a Dios, es necesario creer, guardar, buscar y esperar por la Pareja del Pacto que Dios creó para ti; así, existe una sola mujer para el hombre, y consecuentemente existe un solo hombre para la mujer, que sea corresponda al Pacto de Adán y Eva. Nunca puede existir el “Limpio Corazón” en el matrimonio que no sean del Pacto de Adán y Eva, porque siempre habrá vergüenza y pecado que ocultar, y también serán hallados faltos de Fe en el Creador de todos. “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás. Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes. Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió. Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Y lo sacó Jehová del huerto de Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.”

El Séptimo Proceso para tener Buenos Frutos como Bienaventurado es del “Pacificador”, y tienen un ejemplo de Pacificador en Jesucristo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” Y teniendo este ejemplo, cada uno también deberá seguir los pasos y la vida del Pacificador entre el pecador y Dios: “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Esto os mando: Que os améis unos a otros.”

El octavo y el noveno son Buenos Frutos que tienen los Bienaventurados porque aplicaron y vivieron la Palabra, que sembraron fielmente en el Pacto de Jesucristo.

Le acompañan a los Buenos Frutos, el “cuidado de Dios”, la buena pastura y aguas de refrigerio. El Bienaventurado es el Bien Cuidado, es el Bien Alimentado de Toda La Buena Palabra de Dios, y el “Bien” lleno del Espíritu Santo: “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.”

Esto es lo difícil, para saber si uno es bienaventurado, debe haber vivido unos largos años como “pobres de espíritu”, como “mansos”, como “limpios de corazón”, como “misericordiosos”, que “tienen hambre y sed de justicia”, que “tienen limpio corazón”, que son “pacificadores”, que “padecen persecución por causa de la Palabra”, que “son vituperados y perseguidos” por enseñar lo correcto.

¿Cómo saber si es un Buen Árbol? Si los Buenos Frutos tardan tantos años en aparecer, conviene ver si la persona es un Buen Árbol; y tiene una respuesta rápida: ¿Cómo recibe La Palabra? ¿Cómo reacciona ante la Palabra oída? ¿Con cuánta prontitud responde afirmativamente a Dios? ¿Con cuánta fuerza puede cambiar, eliminar todo aquello que entorpece la obediencia? Y siempre está el cimiento: ¿Cuán celoso es para guardar los Mandamientos de Dios? ¿Cómo se alimenta y abona sus conocimientos y amplía su entendimiento por medio de las Revelaciones del Espíritu?

Ser un Buen Árbol requiere de mucha paciencia, disciplina, mucha fuerza y valentía para guardar Las Escrituras; y hoy se agrega algo más, hay que buscar y encontrar al Padre de Familia para una guía y enseñanza de este tiempo del Pacto Nuevo del Espíritu Santo.

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