Los Escritos del Reino No. 150 Si tu Ojo es Bueno
04 de Marzo de 2026
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Así como el estetoscopio es un instrumento esencial para un médico en el diagnóstico del paciente, también el ojo del hombre de fe es guía e indicativo fiel del alma de la persona: “La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?”
Mas en la generalidad de los casos, todas las personas mienten o viven engañándose a sí mismos acerca de sus “buenos” ojos, siendo éstos malos. ¿Por qué? Porque se quieren “verse llenos de luz” y que su ojo es bueno. El mal diagnóstico, el autoengaño, y la mentira traen aparejados unos problemas graves:
1. El mal diagnóstico: ¿Qué es un ojo bueno? ¿Qué significa que tu cuerpo está lleno de luz? Cuando uno no sabe las bases, los fundamentos y cimientos del conocimiento, de la sabiduría, de la inteligencia y la fe bíblica; ¿a qué compararse? ¿Contra qué medir? Si uno no conoce a Dios en términos del Pacto, ¿cómo puede tener un buen ojo? Pues todo acercamiento a Dios sin el conocimiento ni en términos del Pacto, resultará en un mal diagnóstico.
2. El autoengaño: ¿Cuándo escucharon a un maestro, misionero, pastor, sacerdote enseñar qué es un “ojo bueno”? El autoengaño sucede porque no existe una enseñanza adecuada en las iglesias; y todos “imitan” a los asistentes más antiguos de la iglesia. Nadie pregunta el por qué de las cosas, el por qué de las formas, el por qué de las tradiciones. Y como la gran mayoría son perezosos en leer la biblia, imitan al que está “al lado”, al que “siempre está”. ¿Y qué significa una enseñanza adecuada? Que se debe enseñar libro por libro, en los términos del Pacto, en profundidad, en “conocimientos críticos y razonamientos” y sobretodo en ejemplos de vida práctica; y no completar “espacios en blanco” o por tópicos y temas.
3. La mentira: el silencio también es una mentira contra su propia alma, porque está vacío y no siente interés ni se interesa en preguntar. La imitación del creyente del costado o del que está enfrente, o de aquel que está en el púlpito también es una mentira: “El ruin nunca más será llamado generoso, ni el tramposo será llamado espléndido. Porque el ruin hablará ruindades, y su corazón fabricará iniquidad, para cometer impiedad y para hablar escarnio contra Jehová, dejando vacía el alma hambrienta, y quitando la bebida al sediento. Las armas del tramposo son malas; trama intrigas inicuas para enredar a los simples con palabras mentirosas, y para hablar en juicio contra el pobre. Pero el generoso pensará generosidades, y por generosidades será exaltado.” Y cuanto más ignorante es el creyente, más fácil de embaucar al desprevenido; pues sus ojos no están abiertos a la Verdad.
La Palabra dice: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.” Primeramente hay que sacar “la viga de tu propio ojo para que veas bien” y así tengas un “buen ojo”.
Un diagnóstico fácil y rápido de la situación de tu propio ojo, si es bueno o si es malo; lo enseña Jesús a través del Pacto de Jesucristo:
* “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro padre que está en los cielos”. Pues justamente está diciendo “no mientas, ni imites como si fueses un hombre de fe profunda”. Es señal de que no estás teniendo un ojo bueno, porque no puedes ver a Dios, ni puedes sentir el gozo de la Palabra, repites o imitas porque otros lo hacen. Las apariencias matan.
* Hacen limosnas porque otros lo hacen, hacen limosnas porque estás delante de otros que lo hacen y sientes obligación de sacar tu billetera. Son señales que tu ojo no es bueno.
* No seas hipócrita: “Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.” Y lo peor de la hipocresía de los oradores es que “NO son hacedores de la Palabra.”
* Vanas repeticiones: siempre están repitiendo las mismas cosas, pidiendo las mismas cosas durante meses y años. Hay un patrón de interés de la persona. Nadie busca conocer más a Dios: “En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria. Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.” Por eso, para evitar las repeticiones, se debe conocer a profundidad cada parte, elemento, principio, el cómo, el por qué, el para qué, de la oración que enseña Jesús: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.” No hagas vanas repeticiones, repitiendo el Padre Nuestro como una cinta sin fin.
* Si perdonas a los hombres sus ofensas, para ser perdonado por el Padre Celestial: Tu ojo “NUNCA” puede ser bueno si no sabes, ni reconoces y te arrepientes profundamente de tus propios pecados. Sin conocer el Peso y la Gravedad de tus propios pecados, ¿cómo puedes perdonar sinceramente a alguien? Tienes que conocer todos los mandamientos, las ordenanzas y los estatutos que están vigentes hoy para que los guardes: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.” Solamente cuando tú sabes las gravedades de tus propios pecados y te has arrepentido profundamente, aún sacando tu ojo, cortando tu mano y pie, comprenderás el Perdón de Dios. Y llevarás el peso, la gravedad, las consecuencias del pecado durante mucho tiempo; para que sepas y veas cuánto influyen los pecados en tu vida. Que seas perdonado por Dios, pero que lleves las consecuencias y las cicatrices de tus pecados son cosas separadas.
* El ayuno: hoy se ha convertido en una “moneda de cambio” con Dios. Pero no saben que el ayuno significa “doy mi vida a cambio de algo”. En la biblia, se ven ejemplos de ayunos de una persona clamando por los pecados y errores del pueblo contra Jehová. También se ven ayunos cuando uno ha cometido un gran pecado contra Dios. Es más Bienaventurado aquel quien es “Hacedor de la Palabra” y más conviene “Guardar fielmente un mandamiento”, que un ayuno de arrepentido. Pero no es bueno ayunar por “conocer la voluntad de Dios”, o porque “desea lograr un bien del mundo”. Si estás recurriendo al ayuno constantemente significa que “tu ojo no es bueno”, pues no conoces el Pacto de Dios, ni los tiempos y obras del Altísimo.
* No os hagáis tesoros en la tierra. “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” Esto también es un ejemplo para conocer si “tu ojo es bueno” o malo. Si no sabes cómo atesorar en el Reino de los Cielos, también tu ojo no está bueno. Si leer la Biblia te es difícil, ¿cómo puedes saber cómo atesorar en el Cielo? Si no puedes levantarte antes del amanecer para buscar el rostro de Dios, significa que tu ojo no está bueno.
* Si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas: Si tú no puedes ver a Dios, si no puedes ver la gloria de Dios que se manifiestan todos los días, si no puedes glorificarle por las maravillas que ves. En cambio solamente ves violencias, males, dolores, angustias, tinieblas, preocupaciones, hambres, guerras, tienes reclamos contra Dios... entonces tus ojos no están buenos: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol; y este, como esposo que sale de su tálamo, se alegra cual gigante para correr el camino. De un extremo de los cielos es su salida, y su curso hasta el término de ellos; y nada hay que se esconda de su calor. La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal. Tu siervo es además amonestado con ellos; en guardarlos hay grande galardón. ¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión. Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío.”
* No podéis servir a Dios y a las riquezas. Tu ojo no es bueno si estás “enojado” contra Dios por la injusticia acerca de los bienes y las riquezas que tienen los impíos. Especialmente tus ojos no están buenos en el Conocimiento del Pacto de Dios. Si la certeza y la convicción de las Promesas del Pacto no son más fuertes y sólidas que tu fe, es porque tu ojo necesita ver mejor a Dios, no estás lleno de Luz.
* “No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir”. Otra vez, el afán es la señal más notoria de que “tus ojos no están buenos”, porque desconoces a Dios y su Pacto; es más, el afán se acentúa más cuando no estás conociendo correctamente el camino y sobretodo los tiempos de Dios. El afán es todo lo contrario a la Plena Confianza en Dios, por eso dice: “¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”
Para tener un Buen Ojo y que todo tu ser sea lleno de Luz de Dios, tienes que entender la amplitud, la profundidad y la altura de estas Palabras: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.”
En cambio, dice la Palabra, si tu ojo no es bueno, ni eres frío ni caliente y serás vomitado: “Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”
Si tu ojo es bueno, ves a Dios en todos los lugares, comprendes a Dios y te apacigua, fortaleciéndote en cada Palabra de la Biblia. Toda tu persona se llena con la Luz de Dios porque comprendes cómo van sucediendo todos los términos del Pacto, revelaciones de las profecías y el Camino de los Tiempos. Y este es un ejemplo claro de uno quien tiene un buen ojo y está lleno de Luz, y otros que no: “Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado. Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza. Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos. Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es este, que aun los vientos y el mar le obedecen?”
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